Palabrotas

Foto por Ann McGraw

Para muchas personas, este es su vocabulario del día a día 

Por Johanna Ochoa

¿Alguna vez has visto un reality show? En estos programas es común que cuando alguno de los participantes de dicho show dice una «palabrota» lo censuran con un «bip». A veces es difícil entender lo que están diciendo ya que todo el tiempo está sonando ese «bip, bip, bip». 

La actriz Salma Hayek comentó en una entrevista con el presentador Jimmy Kimmel, que cuando tiene que maldecir o explotar, prefiere hacerlo en español (la actriz habla tres diferentes idiomas). Ella con orgullo, expresó que las groserías en español le dan mayor oportunidad para expresar todo su enojo y molestia. Esto me ha hecho pensar en lo común que es para los mexicanos usar este tipo de expresiones.

Para muchas personas, este es su vocabulario del día a día. Quizás, nosotros mismos  acostumbramos hablar con groserías. Las decimos sin el afán de ofender o lastimar. Simplemente son parte de nuestra vida cotidiana. Esto puede parecer normal, gracioso o inofensivo. Pero veamos esto desde otro punto; como seguidores de Cristo.

Como hijos de Dios, ya no se trata de nuestra nacionalidad o cultura. Se trata de nuestra relación con Dios y nuestra nueva naturaleza al haber entregado nuestra vida a Jesucristo. 

Desde el momento en el que decidimos seguir a Cristo y aceptarlo como nuestro Salvador, debemos buscar que todo lo que hagamos y digamos, sea un reflejo de su carácter. No es posible reflejar a Cristo en nuestras vidas cuando empleamos palabras que lastiman, insultan o se usan de manera despectiva hacia otros. 

La Carta a los efesios nos ordena: «Eviten toda conversación obscena. Por el contrario, que sus palabras contribuyan a la necesaria edificación y sean de bendición para quienes escuchan» (Efesios 4:29).

Como hijos de Dios tenemos una gran responsabilidad. Nuestra boca es un instrumento que Dios quiere usar para bendecir, llevar vida y proclamar las buenas nuevas. Examinemos y reflexionemos si nuestras palabras están glorificando a Dios y reflejando a Cristo. 


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