Necesito una amiga mayor

Foto por Anna Catherine McGraw

Foto por Anna Catherine McGraw

Cualquier relación requiere intencionalidad y valentía

Por Reyna Orozco

Admiraba su forma de ser, su familia, cómo lucía su matrimonio y su maternidad. La miraba a lo lejos y me daba cuenta de que era una mujer muy especial. Estaba segura de que podría aprender mucho de ella. Mi mente se llenaba de preguntas por hacerle. Cuando teníamos contacto, yo quería acercarme y pedirle tiempo para convivir un poco y platicar, pero de continuo me detenía, pues comenzaba a asumir muchas cosas. 

Mis pensamientos sonaban algo parecido a esto:

  1. «Seguro que una persona como ella tiene muchos compromisos y actividades más importantes que atender. ¿Cómo se me ocurre pensar que ella quisiera aceptar juntarse a platicar contigo?».

  2. «La pondré en aprietos si le pido reunirnos. Pudiera sentirse comprometida y presionada».

  3. «No la quiero incomodar. Seguro me dirá que no». 

  4. «Me sentiré muy triste si me rechaza...»

Me da pena admitirlo, pero pensaba muchas cosas más por el estilo, movida por el temor, con tono negativo y pesimista. Nunca sabría la verdad si no me acercaba y le preguntaba. Así que oré y un día me acerqué y le dije: «¿Te puedo invitar a tomar un té o café? Me gustaría que nos juntáramos a platicar un poco, cuando lo consideres conveniente, yo me adapto a tu agenda.

Eres unos años mayor que yo y creo que me haría mucho bien platicar y aprender de alguien como tú». 

Para mi sorpresa ¡dijo que sí! En nuestra primera cita, le conté sobre mis pensamientos y todo lo que imaginaba que ella vivía y enumeré algunas razones por las cuales asumía que diría que no a mi invitación.

Se rió mucho y me dijo: «Nada de eso es así. En realidad esto no es común para mí: que alguien tenga la iniciativa de acercarse para platicar conmigo o a preguntarme algo y mucho menos para invitarme a salir. Creo todos se detienen porque que se imaginan que como tengo muchos hijos me es imposible, pero no es así, ¡me alegra mucho que lo hayas hecho! Yo también oraba por algo así».

Al mirar atrás y ver esa época de mi vida puedo dar gracias a Dios por tantas enseñanzas que dejó en mi esta amiga y hermana mayor. Esas pláticas me dieron una riqueza invaluable. Atesoro mucho ese tiempo con ella. 

Estoy feliz de haberme animado a tomar un paso en nuestro acercamiento, aunque implicara la posibilidad de recibir una negativa de su parte. 

Cualquier relación requiere intencionalidad y valentía, dar el primer paso, estar dispuesta a intentar algo nuevo te costará dejar la comodidad, pero créeme: vale la pena. Incluso si alguien te dice que no, puedes confiar en que Dios tiene quizá otro tiempo u otra persona con la cual camines y de la cual aprendas. Si no resulta con una, sigue intentando. Antes de asumir cualquier cosa, mejor pregunta. Todas necesitamos una amiga mayor.

Ora: Señor ¿me darías por favor tus ojos para ver a las personas a mi alrededor de las cuales quieres que yo aprenda? Dame por favor un corazón humilde y enseñable para admitir que necesito ayuda y valentía para acercarme y pedirla..

Lee: Tito 2.

Actúa: Escribe nombres de posibles amigas mayores, ora por ellas. Invita a alguna de ellas a tomar un café o té y ábrele tu corazón sobre esto. Si te dice que no, no te desanimes e invita a otra de tu lista. Si puedes, regresa y cuéntanos cómo te fue.


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