¿Y si vivimos sin tecnología? 

Foto por Diana Gómez
Ilustrada por Frida García R.

Una mirada al anabaptismo y a las redes sociales

Por Keila Ochoa Harris

Cuando me mudé a Chihuahua, conocí de primera mano a los menonitas. Resulta curioso andar por la ciudad de Cuauhtémoc y entrar a un Walmart donde ves hombres vestidos con pantalón de mezclilla y camisa, mujeres con vestidos largos y pañoletas en la cabeza, pero sobre todo ¡rubios y de ojos claros que hablan una variante del alemán! ¿Cuál es la historia detrás de este y otros grupos similares?

Los grupos anabaptistas, compuestos por los amish, los huteritas, los menonitas y los hermanos, surgieron de un grupo que descartó el bautismo infantil que se practicó en la iglesia católica, luego en algunas divisiones del protestantismo de la Reforma. Para ellos, el bautismo debía realizarse en personas adultas. 

Los anabaptistas, a diferencia de otros grupos protestantes, también se identificaron porque describían al cristianismo como un discipulado, veían a 

la iglesia como una fraternidad y se interesaron por la ayuda mutua. Para darnos una idea de cómo surgieron y viven hoy estos grupos, aprendamos un poco de los menonitas y su fundador. 

Menno Simons llegó a ser un sacerdote católico a los 28 años en 1524. Aunque tenía poca capacitación teológica, empezó a dudar de la doctrina de la transustanciación, una doctrina que dice que el pan y el vino se convierten, literalmente, en el cuerpo y la sangre de Cristo. 

Luego estudió sobre el bautismo y coincidió con otros en que el bautismo de infantes no los limpiaba del pecado original, sino que la salvación en Cristo, y creer en Él de una manera consciente, llevaba a la vida eterna. El bautismo para él era sólo un paso de obediencia una vez que se profesaba la fe. Así que se separó de la iglesia católica en 1536 y se unió a los anabaptistas pacifistas. Cuando murió, después de muchas persecuciones y sufrimientos, había fundado muchas iglesias y el movimiento se conoció en base a su nombre: los menonitas.

Sin embargo, en el siglo XVII, los menonitas se enfrentaron a otro problema. Muchos habían olvidado la pureza de la iglesia por la que algunos dieron sus vidas 150 años antes. En otras comunidades anhelaban las riquezas y fallaba la moral. Su solución, por lo tanto, fue el aislamiento: vivir de manera cerrada en comunidades donde se protegieran sus costumbres y doctrinas. 

Entre los siglos XVII y XVIII empezaron a emigrar. Un grupo grande se marchó a Rusia donde la emperatriz Catalina II les ofreció tierras. Cuando en Rusia las cosas no marcharon del todo bien, viajaron a Canadá y a Estados Unidos, donde ya existían muchas comunidades amish y de hermanos. 

Cuando llegaron al Nuevo Mundo, se dedicaron a labrar la tierra y hacer florecer a sus comunidades, y para enfatizar su identidad, crearon niveles de vestimenta que enfatizaran la sencillez, la modestia y la uniformidad. 

Los siglos más complicados llegaron en el XIX y XX. Las guerras probaron su resistencia, pues ellos se negaron a participar activamente. Entre ellos también surgieron divisiones, pues algunos tomaron un punto de vista más relajado y liberal. Los amish, por ejemplo, siguen restringiendo el vestido, el transporte y el uso de la tecnología de sus seguidores. Muchos menonitas siguen viviendo una vida sencilla, pero no rechazan la tecnología del todo. 

Hoy, tanto los menonitas, como otros grupos mencionados nos intrigan porque un pequeño porcentaje de ellos ha decidido vivir igual que cien años atrás, sin electricidad ni computadoras. 

Seguramente hemos visto programas o películas al respecto. ¿Y por qué lo hacen así? Porque, desde su inicio, los anabaptistas asumieron que la decisión de seguir a Cristo traía consecuencias que transformaban la vida. Para ellos, cualquier discípulo de Jesús debía dejar sus antiguos hábitos atrás y no «conformarse a este siglo». 

Al hablar de la adicción a las redes, quizá podríamos pensar que una solución sería imitar a los anabaptistas más conservadores y rechazar el uso total de aparatos y dispositivos. ¿Te imaginas vivir sin electricidad, redes sociales y el último grito de la moda? Seguramente aprenderíamos cosas muy importantes y valoraríamos el campo y el paso de las horas en compañía de los que amamos. Sin embargo, como estos mismos grupos han comprobado, surgirán otro tipo de adicciones y distractores. 

Separarnos del mundo de modo literal quizá no sea la solución. Más bien debemos regresar a la premisa central por la que tantos anabaptistas dieron su vida siglos atrás: la fe cristiana debe ser una expresión tangible de una relación con Dios en el diario vivir. En otras palabras, más que decir que somos de Cristo, nuestra forma de actuar, hablar y conducirnos debe reflejarlo. 

Cuando visité el Museo Menonita en Cuauhtémoc, me admiré ante el amor y la honra que este grupo ha traído a la labor agrícola. Más que ver el campo como un trabajo inferior, los menonitas han transformado el desierto en áreas fértiles. Son también una comunidad bondadosa y persistente, que valora a las familias grandes y adora a Dios en sus distintas comunidades. 

Algunos siguen sin ver televisión. Otros cargan teléfonos celulares. Ambos extremos opinan que la tecnología se debe manejar con precaución y cuidado, pero concluyen en las mismas creencias que haríamos bien en recordar que: la fe es una decisión personal; los creyentes somos llamados a una vida de amor y pacificación; la felicidad está más allá de las cosas materiales; la sencillez nos ayuda a escuchar mejor a Dios; y el servicio a los demás es la expresión más alta de fidelidad a Cristo. 

Si no has probado productos menonitas, como el queso y las mermeladas, te las recomiendo ampliamente. Y podemos hacernos la pregunta del millón de dólares: ¿Cómo viviría Jesús en el siglo XXI? ¿Tendría una cuenta en Instagram? ¿Vería Tik Tok? Si bien ignoro si el Señor Jesús hoy tendría Facebook, de algo estoy segura: no habría dejado que nada lo distrajera del propósito para el que vino a esta tierra: salvarnos a ti y a mí. Así que, esto nos muestra que todo radica en las decisiones que tomamos día con día. ¿En qué gastamos nuestro tiempo? ¿Cómo cumplimos con el propósito para el que hemos sido creadas? 

Menno Simons dijo: «No puedo enseñar ni vivir la fe de otros. Debo vivir mi propia fe como el Espíritu del Señor me ha mostrado a través de su Palabra». Yo tampoco puedo vivir tu fe. Te he compartido un poco de los anabaptistas para mostrarte que no estamos solos en estos debates sobre la tecnología que, por cierto, tampoco son «nuevos». 

Y ciertamente, descartar tu teléfono no es la solución, porque probablemente estás leyendo o escuchando este artículo por medio de uno. Sólo te pido que reflexiones en algunas lecciones que estos grupos cristianos nos han dejado, y estemos dispuestas a aprender más de la Biblia para conocer mejor a Dios y seguirlo con fidelidad. 


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