Una paloma rebelde (parte 3)

Foto por Regina Rodríguez

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En qué se parece Jesús a esta paloma

Por Julia Harris

Lee Jonás 1:17

En Mateo 12:39-41 el Señor Jesús comenta lo que dice este versículo. Compara la experiencia de Jonás con la suya. Explica que el Hijo del Hombre (él se llamaba a sí mismo con este nombre), iba a estar en el corazón de la tierra tres días y tres noches.

Sabemos que el Señor Jesús sufrió una muerte terrible y violenta a manos de los romanos. Gracias a Dios hubo manos amorosas como las de José de Arimatea y Nicodemo que lo bajaron de la cruz y lo envolvieron en una sábana limpia, lo embalsamaron y colocaron en una tumba nueva.

Después de tres días, muy de mañana el primer día de la semana unas mujeres llegaron al sepulcro y se percataron de un milagro mucho mayor que el de Jonás. El milagro más grande de toda la historia, Jesús había resucitado. Esto fue muy importante porque demostró que Jesús es Dios.

¿Para qué murió, fue sepultado y resucitó el Señor Jesús? Murió para que las palomas rebeldes cómo Jonás y como nosotros pudiéramos obtener el perdón de nuestros pecados y resucitó para darnos vida eterna y hacernos justos ante los ojos de Dios (Romanos 4:25). Esto nos compromete a andar cada día en vida nueva. 


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