¿Necesitamos a Dios?

Foto por Keila Ochoa

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¿Quieres saber qué descubrí?

Por Emma Luján 

Conocí a una chica que vivía en China. Su sonrisa era radiante y su belleza envidiable. Servía a Dios con pasión y no dejaba de mencionarlo en su conversación. ¿Por qué? «Cuando has vivido toda tu vida en un país que hace lo posible por borrar a Dios de todos lados, cuando lo encuentras ¡no puedes dejar de amarlo!» 

Tú y yo, sin embargo, probablemente hemos crecido en países donde no tratan de ocultar, matar o desaparecer a Dios. No vivimos en países ateos, por así decirlo, aunque mucha gente porta la bandera de «Dios está muerto». O más bien: «No existe».  

Así que tenemos gente que rechaza abiertamente a Dios y otra que simplemente lo tolera. También están los que saben que anda por ahí, pero Él no forma parte de su vida diaria. ¿Estás en alguno de esos grupos? Si es así, comprendo. Yo estuve allí. 

Verás, cuando empecé la educación media, me resultó mucho más fácil dudar de todo que defender las convicciones de mis padres. Mis maestros decían que «ser religioso» era para gente con poco coeficiente intelectual. Mis amigos pensaban que «ir a la iglesia» no era cool. Entonces me puse a pensar: ¿y si no existiera Dios? ¿Sería una gran tragedia?  

¿Quieres saber qué descubrí? Algo muy sencillo: si no hay Dios, entonces la vida termina aquí. Y si la vida termina aquí, no hay significado, valor o propósito en ella. ¿Qué implica esto?  

Si la vida no tiene significado, no importa si viene la tercera guerra mundial y todos nos morimos. Ni tu vida ni la mía importan. Somos meros animales; polvo que un día abonará las plantas.  

Si la vida no tiene valor, podemos matar a otros seres humanos y no es la gran cosa. Digo, no nos ponemos a llorar por pisar unas hormigas. Entonces, ¿por qué hacer tanto alboroto cuando los derechos de las mujeres son pisoteados, o los niños son abusados, o los neonatos son abortados? 

Si la vida no tiene propósito, la muerte es el final. Y como muchos de los íconos pop, podemos decidir que la muerte llegue antes que después. El suicidio no es tan terrible, sino un atajo a la nada.  

Si tú has decidido que Dios no existe, o no te importa que exista, has adoptado, en cierto modo, la cosmovisión ateísta. Pero como es imposible vivir en un mundo de ideas tan deprimentes, darás pequeños saltos de fe y buscarás cosas o plataformas que te den algo de significado, valor o propósito. Tal vez te vuelvas vegetariana, o defensora de animales, o feminista. Quizá te conviertas en una artista para perpetuar tu recuerdo pues una pintura, una escultura o un libro, permitirán que no te quedes en el olvido.  

La cosmovisión bíblica y cristiana, sin embargo, te ofrece otra alternativa. Y es la que yo encontré y he hecho mía. Si Dios existe, hay significado, valor y propósito. 

Hay significado porque la vida no se acaba aquí. El ser humano es eterno, así que lo que hagamos aquí tiene un resultado, una cosecha o una consecuencia futura. Y la decisión más importante es: ¿qué harás respecto a Dios? 

Hay valor porque Dios es el Creador. La vida humana es sagrada, importante y seria. La creación también lo es. Sí importa cuando los rinocerontes son cazados para decorar con sus cuernos una pared. Pero también importa ¡y mucho! cuando alguien pierde el trabajo porque su piel es de otro color.  

Hay propósito porque Dios es personal. Tú no eres una más del montón, ni producto de la casualidad. Dios te hizo y tiene un plan para tu vida. Como la vida no acaba aquí, puedes confiar en que lo poco o mucho que logres, ¡es valioso! 

¿Necesitamos a Dios? Bórralo del mapa y te toparás cara a cara con Hitler, Stalin y muchos más. Hazlo a un lado y seguirás viendo racismo, abusos y atropellos. Encuéntralo y comprenderás que a alguien le importas y que tiene una misión para ti.  

Necesitamos a Dios. ¿Tú qué opinas?


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