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¡No es justo!

Foto por Érick Torres

Cuando Dios no contesta mi oración como yo quería

Por Erika Simone

Son pocos los que no conocen la historia de las plagas de Egipto que Dios usó para sacar a los Israelitas de su esclavitud. Pero si Dios hubiera hecho las cosas según quería Moisés, esa historia no existiría.

Como todos sabemos, la primera vez que Moisés se presentó ante el Faraón para decirle que debía dejar libres a los Israelitas, el Faraón simplemente se burló y mandó que trabajaran más. Claro, ellos le reclamaron a Moisés porque su situación había empeorado y Moisés acudió con Dios.

«Entonces Moisés se volvió a Jehová, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo» (Éxodo 5:22, 23).

¡Si por Moisés y los Israelitas hubiera sido, en Éxodo 5 la historia hubiera terminado! Pero, Dios tenía una gran obra que hacer en Egipto. Trataría el corazón duro del Faraón, destrozaría a los dioses egipcios y daría una hermosa figura de Cristo en la primera Pascua. Había mucho por hacer, pero Moisés y los Israelitas no sabían eso.

Es inevitable traer esa aplicación a nuestras vidas. Con tanta frecuencia nos entristecemos porque Dios no nos ha respondido según queríamos. Como Moisés, podemos obedecerlo y aun así no vemos el resultado que buscábamos. A veces, como los Israelitas, ¡hasta nos encontramos en una situación peor! Pero, nos haría bien recordar que no sabemos el final de la historia.

Dios les dio un triunfo inigualable a los Israelitas. Salieron de Egipto con mucho más de lo que hubieran llevado si hubieran salido el primer día. Y Dios también quiere darnos una historia de triunfo, con un final mucho más generoso del que tendríamos si todo saliera a nuestro gusto. Cuando Dios no contesta nuestras oraciones como quisiéramos, recordemos que Dios ve toda la historia y la nuestra no ha llegado a su final.

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