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Claves para una buena relación con Dios

Si te consideras cristiana o hija de Dios quizá, como yo, digas que Jesús es lo más importante en tu vida. Pero, ¿lo es?

Por Sara Trejo de Hernández

Analicemos algunas situaciones que tal vez compiten con nuestra relación con Dios.

1.Decisiones: Antes de aceptar a Jesús hacíamos lo que mejor nos parecía. Ahora, aunque se supone que Él es nuestro Rey y guía, seguimos decidiendo sin preguntarle.

Para evitar esto debemos consultarlo en cada resolución importante: ¿Qué voy a estudiar y en qué escuela? ¿Con quién me debo casar? Si dependemos de Él, cometeremos menos equivocaciones.

Cuando terminé la universidad conocí a un muchacho que me gustaba. Entonces le pregunté al Señor si él era la persona con la que debía casarme. Días después fuimos a Coyoacán a comer helado. Caminábamos tomados de la mano y en ese instante Dios me dio la convicción de que él era el indicado. Hoy es mi esposo.

2. Egoísmo: Este es la raíz de otros problemas. Vivir para satisfacer nuestros deseos es una tentación muy sutil que afecta el presente y el futuro.

La mejor forma de corregirlo es pensar en el bienestar de los que nos rodean: ¿En qué puedo ayudar a mis padres y hermanos? ¿Cuánto dinero apartaré para dar a otros?

En mi juventud fui muy egoísta y solo hacía lo que yo quería. Eso impidió que tuviera relaciones profundas con mi familia y evitó que aprendiera habilidades como cocinar o tejer, que me serían útiles en el futuro.

Una de las maneras prácticas de amar a Dios, es amando a los que nos rodean.

3. Falta de perdón: Todos hemos pasado por circunstancias en las que nos han herido. Dios nos enseña que debemos perdonar, pero no lo hacemos. Pensamos que con dejar de ver a esa persona se soluciona el problema, pero no funciona así. Cargar con estos sentimientos puede llegar a afectar nuestra salud.

Hagamos una lista de las personas a las que no hemos perdonado. Pidámosle a Dios que trabaje en nosotros para obedecerlo. No es fácil, pero recordemos que aunque no queramos hacerlo, el que perdona sale ganando.

4. La mentira: En nuestra cultura no decir la verdad es el pan de cada día. Se modela en el hogar, en la política y en los medios masivos. A través de ella se busca obtener un beneficio o evitar un castigo.

La mentira se genera en la mente, en cuanto nos descubramos pensando en tergiversar la verdad, detengámonos y oremos pidiendo fortaleza para callar. Si mentimos, debemos confesarlo.

En la novela Orgullo y prejuicio, uno de los personajes llamado Whickham, inventa que el señor Darcy lo ha tratado mal. Esta información provoca que todos los que oyen su historia detesten a Darcy, complicando su relación con la protagonista Elizabeth Bennet.

Por supuesto que esto es ficción, pero en la realidad sucede de la misma manera.

5. Dinero: La mayordomía de nuestros bienes es otra área que nos mantiene bien amarrados a nuestras viejas costumbres. Gastamos mucho y sin control, nos endeudamos y luego pedimos prestado o somos tacaños.

Para resolver esto debemos empezar por administrar correctamente nuestros ingresos: Diezmo, gastos fijos, ahorro, regalos para la familia y un porcentaje para compartir (para un ministerio de niños, ancianos o para una amiga en escasez).

Recuerdo un viaje de prácticas escolares que duraría dos semanas. No había nadie que me acompañara al lugar de reunión el día de la salida. Una amiga, a la que sus papás llevarían, me ofreció que le diera mi maleta. El día antes la puse en el auto. Pero mientras estaba en clase, lo abrieron y se la robaron.

Con esfuerzo de mi familia compré lo más básico de ropa, porque mucha estaba en esa maleta. Tampoco llevaba mucho dinero para las comidas. Mi amiga, conociendo la situación, me compartió de su dinero. Para ella nuestra amistad y mi bienestar eran valiosos.

6. Relaciones: Nuestras conexiones con los que nos rodean son muy importantes, por eso debemos ponerlas en el lugar adecuado: Dios, familia, amigos y conocidos. Si cambiamos el orden, nos metemos en problemas.

Mis amigas siempre ocuparon un lugar primordial en mi vida, pero no ví que mi hermanita me necesitaba más que ellas. Mi actitud la hirió profundamente y le tomó muchos años perdonarme.

7. Emociones: Con estas debemos tener cuidado ya que nos pueden llevar a la cumbre o arrojarnos a lo más profundo del abismo. Dios nos las dio y son necesarias, pero debemos tenerlas bajo control.

Somos dueñas de lo que sentimos, podemos decidirnos por el enojo, la tristeza y la preocupación o dejar que Jesús reine sobre nuestras emociones.

Yo no sabía que era mi responsabilidad identificar lo que sentía y tomar las riendas. Me enojaba, gritaba y arrojaba cosas. En una de mis rabietas salí de casa azotando la puerta tras de mí. La vecina que vio la escena le dijo a mi abuelita: “Ay, Sarita, esta niña les va a dar muchos dolores de cabeza”. Alcancé a escucharla y pensé que no tenía razón, pero ciertamente tuve que enfrentar mucho dolor por mi forma de actuar.

Estos siete puntos son claves para que nuestra relación más importante sea con Jesús. Revisemos la lista y pidámosle que abra nuestros ojos a las cosas o personas que nos estorban, pasemos tiempo con Él, estemos atentos a lo que nos dice de sí mismo para conocerlo más, confiemos en Él y busquemos estar con otros que también lo tienen como amigo.

Foto por Marian Ramsey