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7 pasos para meditar en la Biblia

Durante siglos, la meditación se ha considerado una de las grandes disciplinas de la vida cristiana

Por Érika Simone

Quizás la palabra “meditación” traiga a nuestras mentes a un hombre chino vestido de rojo y naranja y totalmente calvo. Quizás nos haga pensar en una tranquila clase de yoga junto al mar. Pero, quizás nos recuerde una antigua práctica cristiana que ya no sabemos llevar a cabo.

En las últimas décadas, la meditación se ha relacionado con religiones y ejercicios orientales que comienzan a ser cada vez más populares en el occidente.

En mi generación (los famosos mileniales) la meditación ha llegado a ser una forma de mantener la salud mental en un mundo lleno de tragedias fuera de nuestro control. Y para la generación Z, la meditación es una técnica de supervivencia en una existencia invadida de pantallas con sus notificaciones y filtros.

Hoy existen blogs, aplicaciones y hasta libros enteros, todos creados para ayudarnos a meditar. Pero, es triste que los cristianos modernos tengan que acudir a recursos seculares, si no es que paganos, para aprender a llevar a cabo una actividad tan cristiana. De hecho, durante siglos, la meditación se ha considerado una de las grandes disciplinas de la vida cristiana.

Entonces, como cristiano, ¿cómo meditas?

1. Elige el texto sobre el cual vas a meditar.
Sería bueno hacer esto durante tu lectura personal de la Biblia. Puede ser desde una frase hasta varios versículos, pero debe ser algo que fácilmente recordarás. Es bueno escribir el texto en una tarjeta o una hoja para no distraerte con otros versículos.

2. Busca un lugar tranquilo.
La soledad y la falta de interrupciones son importantes para la meditación. Quizás sea necesario pedirle a tu familia que te deje a solas durante unos minutos (no es necesario tomar mucho tiempo).

3. Ponte cómoda.
Empieza por relajarte. Puede ser útil pensar en cada músculo y parte de tu cuerpo (cabeza, cuello, hombros, espalda, brazos, manos, etc.) hasta encontrar una posición cómoda. Esto es porque en la tranquilidad de la meditación, aun el mover un pie es una distracción.

4. Pon una alarma.
¡Lo mejor sería dejar el celular en otro lugar! Pero sí es bueno poner un límite de tiempo de alguna manera. Empieza con unos dos minutos de meditación y poco a poco incrementa el tiempo hasta 10  minutos o más, dependiendo de lo que necesites.

5. Haz una lista de tus preocupaciones.
La lista puede ser física (escrita) o mental, no importa. Todos los días tenemos asuntos que nos agobian y parte de la meditación es tomar estas preocupaciones y, uno por uno, encargárselas a Dios. Así, nuestra mente estará libre para concentrarse por completo en el texto.

6. Enfócate en el texto.
Ya elegiste el texto y lo memorizaste o lo tienes escrito frente a ti. Ahora, tendrás que controlar tu mente para enfocarte solo en eso. Llegarán a tu mente mil temas a considerar y todos tus quehaceres del día, pero durante estos 2 a 5 minutos debes pensar solo en el texto.

¿Cuáles son las palabras importantes? ¿Qué significan? ¿Qué nos enseñan sobre Dios? ¿Sobre sus obras? ¿Qué relevancia tiene para tu vida? Cabe notar que no se trata de solo repetir las palabras como si fueran un mantra, ya que Cristo nos dijo que no hiciéramos vanas repeticiones. Se trata de considerar su significado.

7. Termina con una oración.
Cuando termine tu tiempo de meditación, sería bueno compartir con Dios lo que aprendiste de su Palabra durante tu meditación o pedirle ayuda para entender cosas que no entendiste.

Como puedes ver, la gran diferencia entre la meditación popular y la meditación cristiana es el porqué. La meditación popular busca vaciar la mente (y a veces recibir alguna revelación o entrar a un estado distinto) mientras que la meditación cristiana busca llenar la mente de una sola cosa: la Palabra de Dios.

Efesios 5:26 habla de la Biblia como si fuera agua que nos limpia cada vez que pasa por nuestra mente ¡y esto es de mucho más provecho que vaciarla y repetir palabras en esperanzas de alguna experiencia mística!

La meditación cristiana, es decir, el enfocarnos en un versículo durante un tiempo establecido poniendo a un lado todo lo demás, es como levantar pesas que, junto con la “dieta” que es la lectura de la Biblia nos convertirá en cristianos saludables y fuertes, listos para enfrentarnos con todos los retos de nuestra vida moderna.

Foto: Érick Torres