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Espejito, Espejito

¿En qué espejo te estás mirando?

Por Graciela Rozas

“Espejito, Espejito”. Así consultaba la reina del famoso cuento de Blancanieves al espejo, quien le decía siempre la verdad.

¡Pero nosotros no contamos con un espejo así! Muchas veces nos miramos en espejos que reflejan imágenes que no son ciertas, ¡y nosotras las creemos! aunque sean como esos cóncavos o convexos de las ferias, en los que te ves ridículamente estirada a lo largo o a lo ancho.

Tal vez te miras en el espejo de la publicidad y de las modelos de las revistas. En ese espejo, te parece que tu cuerpo nunca alcanza a estar “perfecto” como el de ellas.

Tal vez te miras en el espejo de alguna hermana mayor, o de alguna compañera, que parecen tener muchos más logros que tú. En ese espejo, te ves inútil o tonta.

Tal vez te miras en el espejo de lo que otros dijeron alguna vez de ti. Algún comentario de tus padres, algún reproche por un error, alguna broma de un amigo, alguna frase con intención de hacerte bullying… y en ese espejo, te ves no querida.

¿Sabes? Hay un solo espejo en el que te conviene mirarte, porque te refleja tal como tu Creador planeó que fueras. Ese espejo es la carta de amor de Dios, la Biblia, donde encontrarás mensajes fantásticos como este: “¡Fíjense qué gran amor nos ha dado el Padre, que se no llame hijos de Dios! ¡Y lo somos!” (1° Juan 3:1 NVI). Somos eso y mucho más.

¿En qué espejo te estás mirando? Te invito a pensarlo con esta poesía:

ESPEJOS

Me acusan mil espejos,

Enturbian la mirada,

Me veo deformada a través de mis lágrimas.

Espejos que me muestran

Solo arrugas y manchas.

Espejos que me dicen:

No sos ni serás nada;

No ves que ya fallaste. Azotes de mi culpa.

Y los fracasos de otros

Son reproche a mis faltas.

Aun si cierro los ojos

Para ya no ver nada,

Dentro mío más espejos repiten la amenaza,

Y en ecos multiplican:

“Tus esfuerzos no alcanzan”.

Y luego llegas Tú

Y me miras con calma.

Tus ojos son espejos donde se limpia el alma.

Ya se acallan las voces,

Tu amor es agua clara.

Y rompes los espejos,

Y solo tu mirada

Me rescata del juicio, se cubre toda paga,

Me devuelve una imagen

Nueva y pura, sin mancha.

Y sé que no pretendes

Que sea lo que no soy,

Que me justifique, ni me abrume con cargas.

Solo que me refleje en Ti

Y me sepa aceptada.

Foto por Andrea Hernández