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Osoji: limpiando adentro y afuera

Foto por Irais Téllez

¿Sabías que en Japón no hay personal de limpieza?

Por Argelia Mejía L.

Limpiar y ordenar. ¿Qué te provocan esas palabras? ¿A quién le gustan? Tan solo de oírlas dan pereza.  Desde niña nunca fue algo que me gustara hacer, pero ahora estoy casada. Al inicio de mi matrimonio batallé muchísimo, porque de soltera estuve acostumbrada a que alguien más lo hiciera por mí.

Por otro lado, amo la naturaleza, la cuido y tengo varios hábitos como renovar algunas cosas o prendas para que sigan siendo útiles, y no generar tanta basura. Hago productos de higiene y limpieza con ingredientes naturales, para que no me dañen a mí, ni al medio ambiente.

Últimamente me he acercado mucho a la cultura japonesa. Me encanta su disciplina, cuidado y respeto a las personas y al medio ambiente.  Hace poco escuché la palabra OSOJI, y aunque se refiere a la limpieza, es mucho más; se trata también de mantener limpio y en orden, nuestro interior.  ¿Sabías que en Japón no hay personal de limpieza?  De hecho, son contados los que contratan gente que limpie sus casas. Ni siquiera en las oficinas o escuelas hay quien haga la limpieza, pues ellos mismos la hacen.

Aunque la limpieza tiene que ver con el exterior, también refleja lo que hay en nuestro interior. Osoji le da valor a cada ser vivo, incluso a las cosas no vivas, como nuestra cama, nuestra ropa, nuestro baño, y digo “nuestro” porque tenemos la bendición de tenerlos para nuestro uso y comodidad, así que debemos agradecer a Dios por esa bendición, cuidarlos y tenerlos en el mejor estado posible.

Desgraciadamente en nuestra cultura, vemos la limpieza como tarea que hace gente de rango “inferior”, lo que no es cierto. Tampoco valoramos ni reconocemos la importancia de las cosas, simplemente las usamos, y seguimos de largo.

¿Qué te propongo?

Ten una rutina matutina diaria. Empieza con tu devocional (preferentemente), pon una alabanza, y continúa con la limpieza básica de tu habitación. Haz la cama, ordena la ropa (limpia y sucia), barre y trapea la habitación, y finaliza con pasar un trapo húmedo por tu tocador, escritorio, repisas, ventana, y todas esas cositas que están por encima.

Pero mientras lo haces, trabaja en ti. Habla con Dios y no limpies solo por limpiar, sino que enriquece ese momento. Mira en tu interior y quita esa suciedad que no debe estar ahí y que contamina tu ser. En nuestro corazón se van acumulando malos pensamientos, rencores, tristezas, frustraciones; así que ábrete a Dios. Muchas veces guardamos cosas que, aunque Él las sabe, le agrada que se las digamos.

¿Qué hay en tu corazón? ¿Qué has permitido que contamine tu interior?  ¿Con qué frecuencia le pides a Dios que te examine? ¿Sometes tu voluntad para limpiar la basura que por años se ha acumulado? Y así como nuestros amigos japoneses lo hacen a diario, con una actitud correcta y de manera intencional, nosotros también mantengamos nuestra habitación y nuestro interior limpio siempre.

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