Close

Dame tu corazón

Hace mucho que Dios está enamorado de nosotros

Por Juan M. Isáis  (1926-2002)

En San Pablo del Monte, en Tlaxcala, todavía se conservan las costumbres auténticamente mexicanas en cuanto a las declaraciones de amor.

Cuando un joven tiene interés en una señorita, al verla pasar se va detrás de ella tirándole y pegándole en la espalda con pequeñas piedrecitas. Mientras la muchacha no voltea, lo sigue haciendo; si nunca voltea, busca otra.

Pero si ella se detiene y da media vuelta, indica que ella quiere hablar con él. Las primeras palabras que él le dice son: “Dame tu corazón”. La muchacha contesta: “Amo”. Que significa, “no”.

Entonces el joven le dice: “Duema” o sea: “Sí dámelo”; a lo que la joven contesta: “Si te doy mi corazón, se enoja mi papá”.

El joven insiste: “Dame tu corazón, para que ante Dios te lleve al altar”; y es entonces cuando ella contesta: “Duema”, que significa: “Sí”.

Una vez dicho esto, ella se echa a correr, sin embargo, todo ha quedado arreglado y cuantas veces se encuentren, ella se detiene para platicar.

Cuando el padre de la muchacha los encuentra juntos, le quita al joven una prenda, tal como el sombrero, la chamarra o el suéter. Eso significa que el próximo domingo el enamorado debe hablar con su papá y decirle quién le quitó la prenda.

Una semana después, el papá llega a la casa de la novia de su hijo y dice: “Vengo por la prenda de mi hijo”.  Se la entregan y después de ocho días vuelve para pedir oficialmente la mano de la muchacha para su hijo. Tres meses después se celebra la boda.

Así es Dios. Hace mucho que está enamorado de nosotros, nos ha lanzado pequeñas piedritas al corazón; es posible que no hayamos dado la media vuelta y por eso no hemos escuchado su voz.

Si nos detuviéramos hoy y dejáramos que nos hablara oiríamos: “Dame, hijo mío, tu corazón” (Proverbios 23:26).

Quizá nos hemos portado arrogantes y no queremos pero Cristo sigue diciéndonos: “Dame tu corazón, para que te lo cambie y te dé uno nuevo”. Si se lo damos, alcanzaremos el perdón de nuestros pecados y seremos felices.

Hace tiempo que Jesús entregó una prenda por nosotros, su vida misma en la cruz del Calvario. Si hoy le pedimos que cambie nuestra vida, Él lo hará. Él lo garantiza.

Foto: Diana Gómez